En los procesos por parapolítica, el fantasma de la testiguitis también causa susto.
EN MENOS DE 24 HORAS, a principios de la semana pasada dos de los procesos penales más sonados cayeron enfermos con el mismo síntoma: los testigos que apuntalaban la acusación se retractaron. En el primero, el que afectaba al periodista de Telesur, Freddy Muñoz, el caso se vino abajo y el comunicador, sindicado de vínculos con las Farc, fue puesto en libertad. En el segundo, el estremecedor caso de 10 policías asesinados en Jamundí, Valle, cuando iniciaban una operación antinarcóticos, crimen por el que fueron llamados a juicio varios militares, tres testigos se echaron para atrás. Uno de ellos denunció presiones para su declaración inicial en contra de los acusados.
Por fortuna para la Fiscalía, en el caso Jamundí hay otros testigos que corroboran la acusación. Pero ni siquiera esa circunstancia permite dejar pasar la gravedad del mal que este síntoma revela: la excesiva dependencia de la prueba testimonial en algunos casos que el país necesita resolver con mayor certeza y claridad, como los ya mencionados y, muy en especial, los casos de parapolítica.
Los penalistas saben, y repiten hasta la saciedad, que la prueba testimonial es siempre la más frágil. Dos testigos oculares de un asesinato, situados en ángulos diferentes frente a la escena del crimen, narran los hechos de manera diametralmente opuesta. Eso para no hablar de las presiones. El historial de manipulación de testigos para enredar casos y evitar que lleguen a la verdad es largo. Triste ejemplo es la investigación por el asesinato de Álvaro Gómez, magnicidio que quedó en la impunidad porque las autoridades terminaron ahogadas en las corrientes y contracorrientes de testigos que se contradecían y desdecían.
En el proceso que sigue la Sala Penal de la Corte Suprema contra los parlamentarios acusados de vínculos con los paramilitares, el fantasma de la “testiguitis” también asusta. Está el caso del congresista de quien un testigo dice que recibió 800 millones de pesos de Jorge 40 para su campaña, mientras otro asegura, con la misma certeza y también bajo la gravedad del juramento, que los 800 millones se los dio el congresista al jefe paramilitar para que lo ayudara a conseguir votos. La Sala Penal, conciente de su debilidad investigativa, le ha pedido ayuda a la Fiscalía para avanzar con pie más firme.
Y es que hay otros motivos de preocupación en el alto tribunal. Varios de los procesos que adelanta la Sala Penal están basados en el testimonio del ex jefe de informática del DAS, Rafael García, que si bien es un testigo importante, se ha metido en tantos casos –algunos dicen que porque quiere a toda costa rebajar sus 18 años de condena– que ya ha patinado en varios. Dijo García que la Alcaldesa de Fundación había sido elegida con ayuda de los paramilitares y como candidata única, cuando en realidad tuvo competidores hasta el día de la votación y ganó por un margen estrecho. Este error no sólo afecta los procesos donde el testigo comete la gaffe, sino aquellos otros en los que su declaración se sostiene pero pierde credibilidad como efecto colateral.
En medio de la transición al sistema acusatorio pleno, en el cual la Fiscalía sólo puede confirmar la validez de sus testigos cuando declaran en la audiencia pública, es más urgente que nunca que el organismo perfeccione sus instrumentos investigativos para construir sus casos con base en evidencias distintas al testimonio que, como la donna de la famosa aria, es siempre mobile, como pluma al viento.
Por fortuna el fiscal Mario Iguarán es conciente de eso y lleva meses dedicado a fortalecer su brazo investigativo, el CTI. En el caso Jamundí, por ejemplo, hay evidencias más importantes que los testimonios. Pero en muchos otros procesos, la costumbre de los investigadores de creer que si tienen un testigo de primera mano se les apareció la Virgen, aún está muy arraigada.
!En un pais como clombia, donde un congreso que es donde se hacen las leyes,mas parece un zoologico,lleno de "MICOS ZAPOS MERCADERES en sus pasillos, lejislan bajo preciòn de NARCOS, GUERRILLA, y ahora se descubre que muchos son "PARA-CONGRESISTAS que con el dinero del gobierno armaban a los"PARA", y los PARA con el narco trafico compraban a otros, y se jactaban que medio congreso, era elejido con la ayuda de ellos, o sea bajo presiòn, el pueblo los votaba, quien nos garantisa que los jueces, si los presionan resistiran???????
De todas maneras el futuro de Colombia está en manos de nuestros jueces. Vamos a construir un país digno o seguiremos sumergidos en el crimen y la mentira. Señores jueces, ustedes deciden
Es justo que si un narco-paramilitar, comete todo tipo de masacres, pero demuestra que mató por que la victima no pensaba como él o como el gobierno de turno; tenga derecho a que se le rebajen las penas hasta 4 años, a pesar de los monstruoso de su crimen. Descuartizadores con motosierras, decapitadores para jugar balón con las cabezas. Pero si por lo contrario se le prueba que hizo narcotráfico, se le extradita, se le condena con todo el poder de la Ley. Que mensaje oculto se encuentra allí? La vida del opositor político no vale nada, se puede eliminar, mientras del desafió del contrabando de droga, por fuera de los carteles en ejercicio, merecen la máxima pena. Que implica este mensaje para la sociedad? Para nuestros niños, para nuestros jóvenes? Para nuestro pueblo?
Elproblema no radica tanto en los testigos,si realmente estan declarando la verdad o unicamente afirman supuestos sobre todo el testimonio familiar que por obvias razones generalmente encierra mentiras,por experiencia propia,se efecta la verdad por falta de un compromizo objetivo y profundo del ente investigador "fiscalia" y de la mano de los procesos que son llevados por abogados de oficio que al no recibir ninguna remuneracion hacen una defensa tecnica muy pobre que generalmente termina en condena y con preso claro para estratos 1-2-3que no pueden pagar un abogado y poner a trabajar a la fiscalia en la busqueda objetiva de la verdad.por esto hay tantos pobres en las carceles, es mejor que no nos presten este servicio de defensa de oficio nos perjudica mas.
a veces al redactar una noticia se generaliza un poco mas de lo necesario; pero tenemos que tener en cuenta que algunas denuncias son veraces pero sin piso alguno que las confirme esto va redactado al sr.mauricio vargas
No podemos seguir reflexionando en términos tan pesimistas. Confiemos en que los Magistrados de la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia sabrán valorar con sindéresis y precisión los distintos elementos de prueba, porque si partimos de las premisas enunciadas por el periodista ningún caso de los que denominamos graves, como el de Jamundí nunca llegarán a ser castigados. Claro que su preocupación es entendible si consideramos, por ejemplo, que en el caso del Palacio de Justicia debían estar descontando altas penas Belisario Betancur y los militares que cometieron esa masacre; lo mismo podríamos decir del proceso 8.000, en el cual el ejecutivo mediante presión y utilizando a un "pésimo congresista" (al ya archivado Einer Mogollón) logró una inmerecida absolución para Samper.
Por eso es que allá,antes de cometer un asesinato lo piensan dos veces, allá nadie se burla de la justicia,ojalá el doctor Mario Iguarán logre mejorar, que creo que sí, este sistema de justicia, para que todos los asesinos estén encerrados como las fieras en el zoologico y no le hagan más dano a nuestra sociedad que ya está acostumbrada e insensible con tantos y tantos crimenes.
Los testigos son muy importantes dentro de un proceso investigativo, pero ademas de eso debe haber un equipo supremamente capacitado para que investigue. Yo veo con frecuencia documentales gringos acerca de asesinatos y observo que la policia judicial se dedican conmucha seried y tiempo y siempre se esclarece el crimen asi sea que hayan pasado 20 anos, lo reabren y comienzan abuscar como verdadero sabuesos y encuentran al criminal.
Escritor y periodista
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En este Pais a veces atestiguar contra alguien resulta peligroso y por eso las" patraseadas" de algunos testigos, se hace necesario reformar la justicia con prontitud.