Nadie pidió el despeje de estas 137 hectáreas en pleno centro de Bogotá; sin embargo, Gobierno tras Gobierno, Rectoría tras Rectoría, ha sido concedido sin respaldo de norma alguna a guerrilleros, narcotraficantes, paramilitares y delincuentes de todos los pelambres. Pero hay que reconocer que son los primeros quienes más han sabido capitalizar ese discurso distorsionado de la autonomía universitaria y la extraterritorialidad, para reclutar idiotas y encontrar una trinchera patrocinada por el mismo Estado al que combaten.
La historia del manejo de la violencia en la Universidad ha sido tan repetitiva que las declaraciones del vicepresidente Francisco Santos, según las cuales la fuerza pública podrá realizar requisas para buscar armas, parecen condenadas a seguir la suerte de las declaraciones que él mismo pronunció sobre la posibilidad de hacer el Mundial de Fútbol en Colombia: en nada.
No en vano el rector de la Nacional, Moisés Wasserman, ya se anticipó a decir que eran “declaraciones emocionales”. ¡No jodás! Lo que sigue es parte de la repetición de la historia, no solo de la Nacional sino de todas las universidades públicas del país: las directivas harán frente común con los profesores y estudiantes, emitirán una declaración (también emocional) en la que rechazarán las “acciones violentas de un grupo minoritario, pero altamente desestabilizador, que no representa a la Universidad”. Días después, promoverán una marcha pacífica hasta la plaza de Bolívar en ¡defensa de la universidad pública! para calmar las intenciones del Gobierno de actuar. Pero ni directivas ni comunidad universitaria ofrecerán una solución de largo plazo al problema. No lo hizo Marco Palacio, que sí tenía un proyecto de Universidad y de país en la cabeza, y no temía perder popularidad para sacarlo adelante, menos lo va a hacer Wasserman.
Así ha sido siempre. Basta consultar la historia reciente del claustro para demostrarlo.
En 1990, luego de un atentado contra la residencia del entonces vicerrector de la Universidad, Antanas Mockus, más de cien profesores mandaron una ‘emotiva’ carta (¿O ‘emocional’, según la clasificación de Wasserman) al comandante del Ejército de Liberación Nacional (Eln), Manuel Pérez, en la que le preguntaban: “¿a nombre de qué ideología, a la luz de qué intereses patrióticos y populares, al amparo de qué proyecto político podría plantearse el propósito de destrucción de la más importante institución educativa del país?”. Ya que la situación sigue igual, podríamos reciclar la misma ‘emotiva’ carta y plantearle el mismo interrogante al otro Manuel, el de las Farc, y al mismísimo Eln, sobre lo que allí pasó el pasado jueves.
En la misma carta, y dígannos si no es repetición de la historia, y si no se podría reciclar en el ‘emotivo’ pronunciamiento que seguramente vendrá en los próximos días de parte de la comunidad universitaria, se decía: “Reiteramos el rechazo al designio de convertir el campus universitario en arena de enfrentamiento militar con el Estado, expresado hace varios años, a propósito del uso de armas por parte de personas que opera(ba)n desde los predios de la universidad. Una situación de amenaza armada compromete seriamente la continuidad misma de una universidad inerme, que no puede combatirla con instrumentos específicamente universitarios”. Luego del ‘emocional’ pronunciamiento de los profesores, las cosas volvieron a la normalidad… es decir, reapareció la violencia.
En 1991, ya como rector, pero con discurso que anticipaba su irrupción en la política, Mockus decía que “la autonomía legal de la universidad no implica su extraterritorialidad para el cumplimiento de las leyes” y concluía que “los actos anárquicos pueden dar argumentos a quienes son partidarios de la privatización y crear divisiones en una comunidad que empieza a mirar de cara a su propio futuro y al del país”. Pero el futuro, más que privatización, trajo nuevamente violencia y la misma respuesta de los estamentos universitarios… y lo peor, del Estado: nada.
En 1993, cuando apareció la mala copia de Sendero Luminoso en la Universidad, nuevamente los profesores, estudiantes y directivos dijeron que se trataba de una minoría, no representativa aunque desestabilizadora. Como dijo el profesor de la Universidad Jaime Zuluaga en dicha oportunidad: esa minoría que “se cree poseedora de una verdad incuestionable e incuestionada y portadores de la razón histórica…. (que) actúan como un tribunal inquisidor que decide quiénes tienen razón y quiénes son traidores; inclusive, disponen sobre las posibilidades de acción y de vida de los demás”.
En 1994, hubo un viraje en el discurso del rector de turno, Guillermo Páramo, quien pidió “la protección y presencia del Estado para erradicar a los delincuentes que se han apoderado de ella”. Páramo tuvo que enfrentar la “edad dorada del narcotráfico” en los predios de la Universidad que, si mal no recordamos, dejaron un muerto por ‘vendettas’ entre mafiosos. Pero no, el Estado no capitalizó esta oportunidad para imponer su presencia en forma permanente.
En un artículo de EL TIEMPO, publicado en la misma fecha, profesores, a título individual, y el mismo Páramo arriesgaban hipótesis sobre por qué las autoridades no hacían presencia dentro de la Universidad. “Un profesor asegura que es la tradición antimilitarista que se ha reproducido allí. Es la desconfianza en los aparatos de justicia, sumada a la fobia que muchos tienen hacia los uniformes, sean de militares o policías, y que se extiende a los celadores. Por su parte, Páramo, el rector de la Universidad, dice que es una historia de conflicto de los estudiantes y la Policía. Hay el temor de que una intervención en el campus por parte de las autoridades desemboque en una tragedia, provocada por una posible reacción adversa de los estudiantes”. ¡No jodás!
En 1994, el mismo Páramo tuvo que enfrentar la crisis cuando los candidatos a la Alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, fueron atacados mientras intervenían en un debate en el alma mater. En aquel momento, nuevamente en un viraje con respecto al discurso de los rectores anteriores, dijo al ministro de Defensa de entonces: “comprendemos los miembros de la Comunidad Universitaria que nuestra autonomía no es extraterritorialidad y que, dentro del campus universitario, debe aplicarse la ley bajo la jurisdicción de la autoridad. Las directivas sabemos que es nuestra obligación acudir a ella si tenemos conocimiento de que se comete un delito, y que necesitamos de la fuerza del Estado, precisamente para proteger esa autonomía que también nos es vital”.
Luego de tan lúcidos planteamientos, Páramo nuevamente caía en el discurso ambiguo de los rectores de siempre: “Pero, al tiempo, también necesitamos del Estado la comprensión del peculiar carácter que siempre, históricamente, por siglos, ha tenido el ethos de la academia y de la universidad. ¿Ethos? Preguntará usted. Para hacer la historia corta no pasó nada. Y triunfó el Tanatos. ¿Tanatos? Preguntará usted. Sí la muerte, varias veces se presentó en la Universidad por cuenta de la actitud pasiva de los estamentos universitarios y el Estado.
Lo curioso del episodio es que ninguno de los agredidos, en particular Mockus (quien por haber vivido dentro del monstruo conocía sus entrañas), propuso ni hizo nada cuando llegaron a la Alcadía, pues, para bien o para mal la universidad es parte de la ciudad. Mockus ni siquiera nos sorprendió enviando mimos a una pedrea en la 26 y la 45. ¿Será que la pedagogía nos habría ayudado?
¿Será que los tiempos han cambiado y bajo la sombrilla de la Seguridad Democrática un Vicepresidente locuaz, como si ya estuviera en campaña presidencial para el 2010, nos puede demostrar que esta vez es diferente? No lo creemos. Pero sí nos atrevemos a decir que esa anónima comunidad, cuya vocería usurpan algunos con el discurso distorsionado de la extraterritorialidad y la autonomía, y otros silencian con la violencia guerrillera, no es la misma del pasado.
Esa comunidad podría discutir abiertamente la posibilidad de crear, como ejemplo de presencia del Estado, una policía universitaria permanente, que en lugar de pensar en intervenir cuando los violentos ya están actuando, previniera los hechos. Aunque es un contexto absolutamente diferente, con expresiones de violencia diferente, cualquier universidad estadounidense la tiene. Obviamente, insistimos, ellos no tienen en su seno integrantes que combaten violentamente el Estado, pero es una alternativa. Ni un cuerpo interno de vigilancia, ni una compañía privada son opción. Si algo han hecho es demostrar su ineficacia.
Soluciones más extremas, que obviamente serían impopulares, pero alguien debe plantearlas, irían desde la descentralización del alma mater (llevar a las Facultades a diferentes lugares de la ciudad, incluso a sus afueras) para convertir ese espacio en un parque hasta el cierre de las porterías de la 26 y la 45 para acabar con las trincheras cortesía del Estado para los violentos (si van a convertir en parque el Country, ¿por qué no la Nacional?). A la primera solución usted la puede calificar de estúpida y agregar: ¡No jodás! Pero vea la segunda: ¿qué pasa si la Universidad reubica los accesos peatonales por la carrera 50, o por la Capilla de la Universidad, lejos de las grandes avenidas, donde la “combinación de formas de lucha compañero” simplemente produce trancones, cuando no muertos? ¡No jodás! “Eso es buscar la calentura en las sábanas”. Vale el comentario. La respuesta es que puede funcionar, pero Marco Palacio ya no está.
Definitivamente, el Estado debe encontrar alguna forma de ‘desguetizar’ la Universidad Nacional. Debe buscar tumbar la malla que la separa del país, en términos reales (para que la autoridad la asuma como parte de la ciudad y del país) y mentales (para que proyecte verdaderamente su conocimiento y reflexión en los problemas nacionales). Pero eso no se va a lograr repitiendo la historia. Doctor Wasserman: Esa también es una declaración ‘emocional’.
¿Sera que El Tiempo, ademas de periodico y revistas, ahora piensa abrir una Universidad?, no puede otra razon explicar porque estos tipos pagados por el periodico (o quien sabe si por alguno de los chuzos e chapinero) denigren tanto de la Universidad Nacional. Todavia en El Tiempo siguen aplicando la copia de los manuales de redacción gringos: la generalización y la ambiguedad en los planteamientos, basados en una orientación politica a favor del interes destruir o fraccionar la universidad.
Señor Bonett, dudo mucho que haya tenido la oportunidad de entrar a la Universidad Nacional siquiera a ver los edificios... Es más, apostaría a que nunca ha visto una Universidad por dentro, porque múltiples actos de otras entidades se organizan y llevan a cabo en los múltiples escenarios que ofrece la UN. Para su conocimiento, en el 99% de sus rincones se encuentran ofertas culturales y educativas de alto nivel, debates políticos serios y muchas ideas... de izquierda y de derecha pero, sobre todo, ideas. Le aconsejo que se pase un sábado y disfrute de los conciertos de la filarmónica... que vaya los viernes y escuche a los cuenteros... que recorra los múltiples museos y salas de exposición... que entre a una clase en derecho y a otra en ciencias humanas... que aproveche los cientos de cine-clubes que funcionan de lunes a viernes... De pronto así se sacude de encima su atrevida ignorancia y permite que su cerebro se oxigene, en medio de tanta frivolidad.
LA UNIVERSIDAD NACIONAL ES UNA CUEVA DE LADRONES. ATT PEDRO BONETT
La decisión de que la fuerza pública no entre a las universidades es precisamente porque cuando tenían esta potestad ocurrieron múltiples desapariciones de estudiantes en donde el hecho más lamentable es el asesinato de varios de ellos en plena caferetría cuando estaban comiento (Ni siquiera manifestando) eso hasta los mismos gobiernos lo aceptaron como una falla.
Excelente artículo. Las cosas como son, y desafortunadamente así son. Lo que no puedo creer es que exista una enajenación mental generalizada. Analizando los comentarios de quienes %u201Chorrorizados%u201D critican la verdad, es cuando tristemente debo aceptar que estamos en un país acostumbrado a la crítica por la crítica. Es un irrespeto total hablar en esos términos cuando se desconoce la realidad, cuando ni siquiera conocemos nuestra historia, y menos nos preocupamos por conocerla. Sumergiéndome de lleno en el problema, debo aceptar la opinión de los columnistas porque no es otra que precisa, certera y real. Otra cosa es ver cómo durante las supuestas manifestaciones de estudiantes acaban con las mesas, sillas, y con cuanto implemento es adquirido por la Universidad, pagado por TODOS, para la formación de quienes acuden sí con el ánimo de aprender e ir un paso más allá. No lo han visto, o es que acaso la destrucción es otra forma de protesta civilizada. Leyendo y releyendo algunos comentarios de los horrorizados lectores de este blog, es cuando tristemente me inclino a pensar que tenemos el país que merecemos. Columnistas adelante! Buen comentario el de LUISCDA.
En su artículo ... %u201CPero, al tiempo, también necesitamos del Estado la comprensión del peculiar carácter que siempre, históricamente, por siglos, ha tenido el ethos de la academia y de la universidad. ¿Ethos? Preguntará usted. Para hacer la historia corta no pasó nada... " Ese es su contra argumento? "para hacer la historia corta no pasó nada" ? "no jodás"? está bien el detalle histórico de las discusiones de autonomía en la universidad en diferentes épocas... pero donde están los argumentos a favor de la extraterritorialidad? no existen para usted? "discurso distorsionado de la extraterritorialidad y la autonomía"... pero cual? nisiquiera lo nombra... si lo conoce? Y por último... Marco Palacio no está... pero claramente vive en usted.
La gran mayoria de estudiantes de las universidades publicas, no son terroristas, son personas que buscan un futuro mejor a traves del estudio, pero si son complices de que una pequeña minoria de desadaptados se tomen las universidades con actos vandalicos y terroristas, lo cual hace que se les estigmatice a todos. Por el bien de ellos mismos y de la universidad que les da la oportunidad, los mismos estudiantes deberian denunciar y hacer expulsar a esos pocos que lo que hacen es dañar la universidad y dar la oportunidad a que se tomen medidas represivas. Por otro lado la autonomia universitaria no puede ser excusa para que la fuerza publica tenga vedada la entrada a las universidades publicas, es sabido por todos los problemas de venta de drogas y otras actividades ilicitas que se realizan dentro de las universidades por personas ajenas a la misma, pero debido a que las autoridades no pueden ingresar se desarrollan libremente. La gran mayoria de la comunidad universitaria es ajena a estas actividades, pero es complice con su silencio y eso hace que se generalice y estigmatice a la universidad publica.
Desguetizar? Más bien sacar a la partida de oligarcas que nos quitan el cupo a nosotros los estudiants que SÍ necesitamos faciliades para pagar y no una partida de ineptos con plata que solo dañan la imagen de la universidad. Sumercé ha ido a la Universidad Nacional? No creo... Lo que me parece el colmo es que ésta clase de blogs sea patrocinada por ésta casa editorial.. ahora sí, no jodas?!
No sorprende que los autores de esta bazofia de entrada sean periodistas de El Tiempo. No sería raro que su evangelio diario sea "País Bizarro", "Atrabilioso" y las columnas de Fernando Londoño. Hasta accionistas del Country Club deben ser. Sigan contribuyendo al mar de sangre que se vierte todos los días en Colombia, idiotas.
Los autores de este blog son Guillermo Franco Morales, Luis Carlos Gómez, Julio César Guzmán, Fernando Millán y Juan José RamÃrez.
Este espacio es una construcción colectiva de un grupo de periodistas de EL TIEMPO y eltiempo.com, hetereogéneo y diverso en su pensamiento. Por esta razón, las opiniones expresadas en este espacio no son unánimes. La única intención es motivar la reflexión y discusión sobre temas cotidianos y que afectan a todos los colombianos.
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q la universidad nacional es lo mejor, puede q si pero nisiquiera lo mejor es ajeno a conflicto interno del pais por q les duele tanto aceptar la realidad mmmmmmmmmmmmmmm yo creo q es como todo y ante esto no podemos haser nada por ahora sigamos estudiando q depronto de esta forma en un futuro algo cambie con negarlo no solucionamos nada